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¿Qué etiquetas ofrecen mucho por poco dinero y son capaces de codearse con zonas y marcas clásicas de tintos? Después de varios cientos de muestras catadas en lo que va de año podemos señalar en una dirección muy clara. Dos vinos de la bodega Marco Real destacan dentro del heterogéneo entramado de la Denominación de Origen Navarra, una región de gran diversidad climática y orográfica en la que se contemplan varias subzonas y en la que se producen vinos blancos, rosados, tintos y dulces a partir de numerosas variedades de uva y con diferentes estilos.
Fundada en 1998, Marco Real fue originariamente el proyecto del empresario hotelero Antonio Catalán que, junto a otros socios y colaboradores buscaban abastecer sus hoteles de vinos propios y con calidad garantizada. La búsqueda de nuevos socios para este proyecto fue lo que permitió la entrada en el accionariado de Juan Ignacio Belasco, propietario del Grupo La Navarra, que activó notablemente la comercialización de los vinos en los mercados nacionales y extranjeros.
Marco Real fue, pues, la primera y exitosa aventura vinícola de este grupo hasta entonces centrado en los destilados. Desde entonces, ha extendido sus tentáculos hacia Rueda (Viña del Sopié), Toro (Viñedos de Villaester) e incluso Argentina (Belasco de Baquedano), sin olvidar su segundo proyecto navarro Señorío de Andión, concebido como una bodega boutique que se integra dentro del complejo de edificios de la propia Marco Real.
En Marco Real cabe destacar en los últimos años el desarrollo, más allá de la línea Homenaje, de una gama de nivel superior que trabaja con sus mejores viñedos (los ubicados en Sansol y Torres del Río) entre las 200 hectáreas con que cuenta actualmente la bodega.
El trabajo detallado, tanto en el caso del Colección Privada como del Reserva de la Familia, incluye la vendimia manual en cajas, una cuidada selección, el trabajo por gravedad en la moderna bodega de Olite, o la vinificación individualizada por parcelas y variedades. La crianza, por otro lado, se realiza en ambos vinos en barricas nuevas de roble francés, lo que hace aún más evidente la excelente relación calidad-precio de estos tintos elaborados con los más altos criterios de calidad.
Hay que destacar además, la originalidad de su ensamblaje en el que a la combinación relativamente habitual en la zona de la local tempranillo con las foráneas cabernet sauvignon y merlot, se añade un pequeño porcentaje de graciano que puede ser la clave de la frescura que distingue a estos tintos en el paladar y que invita a un segundo trago.
Estamos hablando de dos etiquetas de excelente elaboración y presentación que tienen la virtud de superar las expectativas de quien se acerca a ellas por primera vez. Dos tintos imprescindibles “ambos con lacre” y una compra especialmente inteligente que sorprende.
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